Daft Punk: Electroma (Retrospectiva)

Esta entrada fue publicada originalmente en Cinemétrica.

Durante mis años escolares más primarios, siempre llevé clase de formación cívica y ética. Era monstruosa. La maestra, Lucrecia, nos decía que todo el que no conociera perfectamente la historia y las características minuciosas de la personalidad de cada compañero era porque lo aborrecía. En mi caso esto se cumplía a medias. Conocía a mis compañeros muy bien, pero en efecto, los aborrecía. Sin embargo el hecho de que esta tesis me fuera expuesta cuando menos tres veces a la semana me producía asco.

Pasé estos años sin pena ni gloria. Durante las clases no hice más que incordiar. Una de las constantes era este diálogo.

-Recuerden que todos, absolutamente todos, sin importar su condición, raza ni religión, son iguales-

-¿No se supone que todos somos únicos y especiales?- preguntaba yo

-Es que tú no entiendes, niño.-

-Entonces explíqueme-

-Salte-

Afortunadamente ahora han demolido mi escuela. En su lugar han construido bodegas, médicas, me parece. En fin.

El caso es que esta discusión se me ha repetido innumerables veces dentro de mi mente, más o menos filosóficamente. ¿Somos iguales? Sí, pero ahora sé que la respuesta es “ante la ley”. Y más específicamente “dependiendo del tamaño de tu cuenta corriente, y de tus influencias”. Sin embargo creo que la doctrina de enseñar cívica y ética de este modo es confusa.

Somos únicos, nos dicen. Todos tenemos capacidades diferentes, pero nos tajan con el mismo cuchillo. Eso es trampa. A una compañía que tala un árbol para colocar un anuncio la multan, pero a un indio que tala otro para freír tamales también. No se toman en cuenta las causas, sólo las consecuencias.

La globalización propone uniformidad de criterios. De acuerdo, pero el mundo no es ni nunca ha sido igual. La gente se desplaza como puede y no es tanto porque no quieran subir más, sino porque no tienen los medios. Y sin embargo todos se aligeran a la idea de dejarse llevar en la marea. Como robots.

No hablo de comunismo ni capitalismo, ni ideas del Zeitgeist. Todos los días las acciones que pretendemos llevar a cabo de forma tan natural, que nos confieren un cierto nivel de “humanidad”, son repetitivas. Los grupos de facebook nos han dejado ver un aspecto muy divertido de las redes sociales, que es la de encontrar personas con intereses afines, pero también han dejado al descubierto que las experiencias de la vida humana son limitadas. Por los que dan la vuelta a la almohada para buscar el lado frío. Por los que le dijeron a alguien “te lo dije”. Por los que se uniformaron. Parece que vivimos en un mundo de constantes, como si estuviéramos programados.

No que haya alguien que merece ser castigado, ni conductas reprochables, pero la preconfiguración de nuestro instinto, en todos los niveles, pareciera que nos deja sólo como espectadores. No que haya forma de salirnos, pero parece que hasta la muerte, lo que podemos hacer es ver pasar el paisaje, y mejor disfrutarlo.

Electroma

Daft Punk

2006

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