Si he de morir mañana (Despedida de Frenec)

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Si he de morir mañana (despedida de Frenec)

Mi vida ha sido corta, tan solo llevo 18 años, aunque, si contamos que ya viví este mismo, podríamos decir que 19, es decir tengo 18, viví 19 y estoy a un día de cumplir 19… en fin.

Los últimos 3 años me he dedicado a todo y a nada, he conocido muchas personas, he aprendido bastante, pero sobre todo, aprendí a ser una persona analítica, los detalles de esta vida que tenemos, y que seguramente muchos dejan pasar, han sido exprimidos por mí lo más posible, o al menos, ese ha sido mi objetivo.

Cuando tenía 8 años mi abuela murió, supongo que es la pérdida más dura que he tenido hasta ahora, y sí, supongo, porque no lo recuerdo, prácticamente no recuerdo nada de ella, ni de mis primeros 8 años, ni siquiera de los 4 posteriores, de estos últimos tan solo he rescatado algunos flashazos. Mi infancia fue reprimida, supongo sí es por dicha pérdida, y, contrario a lo que muchos pensarán, eso no es malo, gracias a desechar todos esos recuerdos, tengo un banco de datos disponible mucho mayor a la mayoría de las personas, tengo espacio vacío donde comúnmente guardamos recuerdos de la infancia, y para ser honesto, no me han hecho falta nunca.

Quizá gran parte la he utilizado para motivos estúpidos, aprender canciones, elementos de la tabla periódica, o diálogos de películas y series de televisión, pero si algo me he de reconocer, es que me he dedicado también a conservar experiencias valiosas, no solo en cuanto a lo sentimental, experiencias por las que he pasado, seguramente, mucho más joven que otros, y han forjado quien soy el día de hoy.

Guardar esta información conmigo me ha permitido no cambiar con el paso de los años, al menos no para mal, porque sí, lentamente he adoptado conductas que me han parecido benéficas para mí y el mundo en general, pero jamás desviándome de quien decidí ser.

Soy una persona ambiciosa, me encanta tener dinero, pero sobre todo ahorrarlo, aún no consigo quitarme esto, he sido así siempre, sin embargo he aprendido, y vaya que me costó hacerlo, que, como dicen, no es todo en la vida.

Han sido 3 las experiencias que me demostraron esto, y las voy a compartir contigo, me conozcas como nadie, o me conozcas casi nada, así que aprécialas, hazlas tuyas, y reflexiona.

La primera pareciera bastante común, sucedió hace ya 4 años quizá; una chica dejó su celular olvidado en la jardinera de mi escuela, no sabía bien quien era, ni ella quien era yo, así que, cuando lo encontré, naturalmente, la idea de quedármelo cruzó por mi mente.
Después de pensar un largo rato, finalmente decidí no hacerlo, además ¿Qué iba a hacer con él, mi corazón era tan frio y mi ser tan carente de empatía, que iría a venderlo al metro? Claro que no, recorrí salón por salón, asomándome por la ventanilla, aunque claro, era una escuela muy pequeña, fue bastante rápido dar con la chica, supe como era su rostro por la foto en su celular, pegada a un sujeto que definitivamente no conocía… Como sea, se lo entregué… en su cara fue la primera vez que vi esa expresión, felicidad por haberlo recuperado, extrañeza por que fuese devuelto, y un abrumador agradecimiento, todo junto, si tuviera una sola palabra para ello, no haría justicia.

La segunda vez: como cada dos días, tenía que cruzar por la terrible y larga experiencia de una clase de armonía aburridísima “la armonía del siglo XVI” en palabras de mi maestra, como si eso fuese algo bueno. Miraba hacia todos lados, analizaba los muebles, los instrumentos, y hasta el último rincón del salón, fue entonces cuando mi mirada se desvió detrás de un armario de metal, entre amarillo y verde, que estaba justo al lado de mí, era casi imposible ver entre él y la pared, y por alguna extraña razón, fui yo el elegido para hacerlo, me quedé viéndole, y noté que ahí tirado estaba un reloj, parecía decaído, triste, por haber perdido a su dueño, jamás me pregunté cómo se le había perdido, supongo que se lo quitó voluntariamente.

Pregunté sobre su propietario, nadie en mi salón supo qué responder, de nuevo me parecía muy fácil quedármelo, al fin y al cabo, mi reloj no tenía batería hacía años, me caería bien. Pero de nuevo esa sensación extrañísima de empatía me invadió, pobre chico, era un buen reloj, tenía 6 modos diferentes, uno de ellos daba todos los usos horarios, lo conservé unos días, quizá una semana.

Entrando al baño me encontré con un amigo de otro grado, y decidí, espontáneamente preguntarle si era suyo, me dijo que no, pero sugirió su propietario real, un compañero suyo, que ya lo había perdido 2 veces, ese día no encontré al chico, me fui con el reloj una vez más, esa tarde pensé mucho, más de lo normal, le pregunté a la gente qué debía hacer, pareciera por mera curiosidad, era más que obvio que haría lo mismo que en el caso anterior… A la mañana siguiente lo encontré en la entrada, me quité su reloj, y le dije, “ya no lo pierdas”, y vi ese rostro una vez más, sorpresa, aprecio, gratitud, felicidad…

El último caso: en esa misma escuela, entre los pliegues de la funda de un piano, encontré una pluma, no era muy bonita, pero parecía costosa, pregunté y alguien me dijo bastante seguro de quién era, lo ignoré un poco, ya era tarde, tenía que irme, y así fue, llegué a buscar la pluma en internet, el precio rebasaba los 5 mil pesos, era en definitiva, más cara que cualquiera que hubiera tocado… pensé… y pensé… era como tener oro en mis manos, nadie sería tan tonto para devolverla, pero sabía quién era la dueña, una maestra que siempre me cayó mal, pero una que me conocía desde los 12 años, aunque no habíamos vuelto a hablar seriamente en más de 3.

No la veía casi nunca, a pesar de lo pequeña que era la escuela, tuve la pluma un día más, la observé, recuerdo cada detalle… y decidí que yo no sería así, debía devolverla, solo sobraba encontrar a la maestra, lo que eventualmente sucedió, subió al tercer piso, creo que nunca la había visto ahí, yo estaba sentado en el suelo del pasillo, como siempre, ella pasó a un lado de mí, nos saludamos y entró a un salón, cuando salió me armé de valor y al darme la espalda grité “¡Jazmín!”, pareciera que lo hizo otra persona, se me acercó y sin darle explicaciones, saqué su pluma de mi bolsillo, le dije que la había encontrado, ella no tuvo palabras, sus ojos se enrojecieron y con voz entrecortada me dio las gracias, y me contó como la había adquirido, resultó que su padre se la había regalado cuando acabó su carrera como música, por aquellas lágrimas, es probable, que dicho señor hubiera fallecido para ese momento. Nunca vi un rostro como aquel, más lleno de emociones, más feliz, nunca lo he visto de nuevo…

 

 

 

He vivido mucho también, gracias a mis relaciones amorosas, pocas, en realidad, pero como dije, me dediqué también a aprender lo más posible, cada una tuvo sus problemas, cada una me incluyó en ellos, y cada problema lo ayudé a resolver, con todo esto, no me daba tiempo de ver por los míos, y he de decir que, a pesar también de su corta edad, las mujeres que tuve, vaya que tenían problemas, quizá por conocerlas tanto, quizá por rascarle, quien sabe; Problemas con lo que un joven no debería lidiar, y que también, formaron mi carácter.

Aprendí a no odiar a ninguna persona, pues cada una es valiosa a su manera, puede no agradarte una persona, pero hacérselo ver, y más si no ha atentado contra ti, eso sí está mal, no lo considero hipocresía, ni siquiera diplomacia, como lo hacía antes, creo que es más bien respeto, ¿quién soy para cuestionar a las personas? No he vivido lo que ellos, no he pasado por lo que ellos, no puedo odiar lo que no conozco, y lo único que realmente conozco, es a mí mismo, y vamos, sería estúpido sentir odio hacia quien soy.

Aprendí que es valioso estar con amigos, pero también lo es estar solo, saber quién eres, por qué lo eres, y quién quieres ser, conocerte a fondo, y de esta manera, jamás dejar de ser por nadie, quien eres.

Aprendí que nuestra sociedad es tan misógina como lo era hace 200 años, a pesar de los avances, el género masculino sigue, y seguramente seguirá viendo a las mujeres como sus subordinadas, una mujer “zorra” es lo mismo que cualquier otro hombre, ¿lo han pensado? Si una mujer expresa sus necesidades sexuales, automáticamente todos le pierden el respeto, si ella tiene muchas parejas en un corto periodo de tiempo, también, y ¿qué es un hombre si hace esto? Más hombre, vaya, que asco.

Aprendí que tan solo en nuestra galaxia hay más de 200 mil millones de estrellas, cada una con 1 o 2 planetas habitables orbitándole, y que la vida es una posibilidad de 1 a 100, es decir, que ahora mismo hay un hombre posiblemente escribiendo una carta como la mía, en algún lugar, es arrogante pensar que estamos solos, estadísticamente es imposible, aunque jamás habrá contacto, resulta  fascinante imaginar la complexión de aquellos seres, su literatura, música, arte en general, su manera de pensar.

Aprendí también, que no somos nada, una de las ideas más fuertes en mi cabeza, vivimos una partícula minúscula de tiempo, en un planeta que es como un grano de arena en una playa, vivimos nada, entonces ¿Para qué vivir? ¿Para qué preocuparse por lo que sea? Sí, estas preguntas las he analizado hasta el cansancio, seguramente podrían llevar a la depresión a muchos, y seguramente también, hasta han orillado al suicidio a otros más.

No digamos la escuela, el dinero o los caprichos y vanidades, no, hay muchas cosas por las que vivir, conocer el mundo, observar el cielo, experimentar el silencio absoluto, tener la comida más deliciosa de tu vida, tener dolor de estómago al día siguiente, pasar por un dolor de cabeza que parece acabará con tu vida, aprender a nadar, creer que morirás ahogado, que te arrastre el mar, colgarte de una canasta, arriesgarte por bajar una pelota del techo para un niño, verlo sonreír, ver esa expresión de gratitud en el padre, en la chica, en el joven, la maestra, caminar por horas y horas…

Hacer amigos, conservarlos, quererlos, odiarlos, tener una fiesta con toda tu familia, ver como la misma se desintegra, como los consume la ambición, cambiarte de casa, conocer otros estados, hablar otros idiomas, excavar en la tierra, encontrar cosas antiguas… Sí.

Todo parece tan banal si piensas que no le importa a nadie, que no cambia en nada al mundo, pero te cambia a ti, hace tu vida mucho más rica, lo más importante, te hace feliz, ¿quién iba a decir qué pensaría algún día así?…

Les cuento todo esto porque, si algo recuerdo de mi infancia, es que a partir de los 8 años, tal vez 7, comencé a decir una frase, que al principio pareció graciosa, ahora, no tanto “me voy a morir a los 18 años en un accidente de moto”. Curioso que lo diga un niño ¿no? ¿Por qué haría algo así? Quien sabe, lo hice, por años, apenas dejé de hacerlo a los 16, quizá fue miedo, quizá precaución, como sea, me queda tan solo un día de 18 años, y, aunque espero que no sea así, de vida también.

He aprendido mucho, conocido a muchas personas, tantos lugares, problemas, puntos de vista, he hecho lo que he querido hacer, y aunque aún me falta mucho por conocer, he tenido una vida plena, y, si aquí ha de acabar, solo tengo algo más que decir…

Mi vida ha sido corta.

Fin.

Frenec Masyaf (Osman UAT)

 

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